sábado, 27 de abril de 2013

Una manzana con “VER DE DONCELLA”.

Miguel Lorente
Desde hace años la Ver de doncella está en franca regresión y lleva camino de desaparecer porque desde la irrupción de las variedades extranjeras se ha dejado de plantar impulsados por lo que viene de fuera. Es una lástima que no se aproveche comercialmente su calidad y su atractivo nombre verdadero.

              Una manzana con "ver de doncella"
A esta variedad amarilla se le puso el contradictorio nombre de “Verde doncella” y así se le sigue llamando, pero este nombre no es el original sino el resultado de la contaminación en el uso del lenguaje. El profesor Ángel Canellas comentó en cierta ocasión al erudito gastronómico José María Pisa que tenía referencias sobre el verdadero nombre de esta manzana, pero poco después falleció y Pisa no pudo tener acceso a esa documentación. No obstante, le dio argumentos para comprender que el nombre de “Verde doncella” era un error, ya que la manzana no es de color verde, y si se hubiera referido a una mujer de vida licenciosa o comportamiento “verde”, como se entendía a los asuntos del sexo, no la hubieran tratado de doncella. El nombre que había descubierto el profesor Canellas era “Ver de doncella”.


En nuestra lengua sustantivamos el verbo ver para expresar el aspecto de lo que vemos y así decimos que algo o alguien está de buen o mal ver. En el caso que nos ocupa, las manzanas con aspecto que recuerdan la cara lustrosa de una muchacha joven, no debe extrañar que se dijera que tenían el ver de una doncella. En el lenguaje oral, las prisas hacen que unamos el “ver” con el “de” y el sonido resultante sea “verde”; y una falsedad, a fuerza de repetirla, acaba convirtiéndose en verdad, hasta el punto de que nuestra lustrosa y bella manzana amarilla la convertimos en verde, por no decir que la tratamos de mujer con tendencia a exaltar las cuestiones del sexo en el contexto de la época anterior.

Desde hace años la “Ver de doncella” está en franca regresión y lleva camino de desaparecer porque desde la irrupción de las variedades extranjeras se ha dejado de plantar impulsados por lo que viene de fuera. Es una lástima que no se aproveche comercialmente su calidad y su atractivo nombre verdadero.

Hasta el último tercio del siglo pasado, en las huertas del Jalón se criaban unos manzanos cuyos frutos dieron prestigio en toda España a la producción frutera de Aragón. Estas manzanas de sabor dulce, pulpa crujiente con zonas cristalizadas que se decían heladas, y, especialmente, su piel fina, que no se arruga, de ligero color amarillo brillante sonrosado como las mejillas de una doncella, les hacía ser muy apreciadas por todos y muy demandadas en los mercados del centro de España

Surcos de Aragón: Número 123 - enero 2012 (página 35)

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